¡Qué juerga!
El voto cubanoel estreno mundial más flamante de Miami New Drama, es una maravilla estridente, trepidante y trepidante que deja a la audiencia completamente barragana.
Si está familiarizado con la política de Miami, encontrará que esta entrañable comedia romántica es una parodia perfecta y absolutamente encantadora de la política moderna de Miami.
Si no está sintonizado con la educación cívica de Miami, aún se reirá a carcajadas.
La dramaturga Carman Pelaez lleva a su audiencia a un riquezas oportuno e hilarante con El voto cubanoahora tocando en el Colony Theatre hasta el 15 de mayo.
Sin estropear demasiado la obra, Carolina Clarens (Carmen Pelaez) se postula para corregidor del condado de Miami-Dade. Es progresista, diserto, detallada, inteligente, sensata e hija de un ex corregidor popular. Aunque a veces puede estar enojada, algunos pueden sostener que es astuta, es auténtica. Solo hay un problema. Su simpatía. Nadie en Miami la quiere, no es que le valor.
Entra Alex Mesa (Andhy Méndez), un hábil consejero criado en Miami. Ha regresado recientemente de Washington DC como El e preeminente creador de reyes (o reinas) políticos latinos. El trabajo de Mesa es obtener que Clarens sea estimado.
Mesa solicita la ayuda de su amigo tecnológico, financiero y fundador de Bro-coin, (lol) Benji Carbonell (Kristian Bikic). Inventan un plan lunático para convertir a un don nadie borracho, Gilberto Ruiz (Jonathan Nicolás-Navarro) en un cómplice político para competir contra Clarens, asegurando así una triunfo para su dama, cuya hermana Blanca (Marcela Paguaga) asimismo es la novia y prometida de Benji.
Solo hay un contratiempo.
A Miami le gusta Gilberto Ruiz, gusta mucho.
Luego de todo, sus temas de conversación y contrapuntos son básicamente los siguientes: «Comunista», «Socialista», «Fidel», «Cuba».
Hay mucho más que no vamos a estropear. Pero diremos que Nicolás-Navarro y el personaje de Gilberto Ruiz se roban absolutamente el espectáculo.
El voto cubano de Miami New Drama
El voto cubano es un alboroto agudo, ingenioso y vertiginoso de material hiperlocalizado y muy relevante. Es sensible al tiempo y está saciado del ruido de fondo de nuestro Miami-times, un paisaje plagado de personas influyentes, expertos en tecnología, donantes y desarrolladores tontos, consultores de entrenadores de vida y fumetas de Only-In Dade.
La obra se centra en nuestros problemas de ciencias sociales (cambio climático, desigualdad de ingresos, vivienda asequible, personas sin hogar) y utiliza ingeniosas viñetas de noticiario y pantallas de televisión como un dispositivo teatral muy eficaz para la transición entre escenas.
Rara vez una obra almacén satiriza tan adecuadamente a nuestra maravillosa comunidad sin caer en el irracional. El voto cubanoen su apogeo, es una alegre autoexploración, un espejo para que los miamenses nos miremos a nosotros mismos, tal vez desde un nuevo punto de panorámica.
Y finalmente, y quizás lo mejor de todo, El voto cubano es una adecuación perfecta de Shakespeare La fierecilla domada. Está todo ahí.
Inadaptados engañando a un borracho haciéndole creer que es un estimable. Dos hermanas siendo cortejadas, una testaruda, la otra más seguidora de las normas.
La obra no es perfecta, pero es verdaderamente buena. Hay algunos problemas de química entre los actores, pero El voto cubano no es una historia de apego. Es una sátira política. Y como sátira política, esta obra es absolutamente imprescindible.
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