Una nueva concepción de cubanos no será silenciada – Translate Cuba

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«No más MLC [stores that require payment in hard currency], la familia tiene deseo. (Facebook)

14ymedium más grande14ymedio, Yoani Sánchez, La Habana, 22 de julio de 2021 – El mes de julio fue informante de una serie de hechos que marcaron un punto de inflexión en la historia de Cuba: el asalto de Fidel Castro al Cuartel Moncada en julio de 1953, que encendió la Revolución; la ejecución del común revolucionario Arnaldo Ochoa que conmocionó a muchos cubanos en 1989; y el hundimiento de un remolcador con decenas de personas a lado con destino a Miami en 1994, en lo que se convirtió en la culminación del éxodo de las vigas. A estas fechas históricas de julio, sumamos ahora el día en que los cubanos recuperamos las calles, nuestras calles.

El domingo 11 de julio empezó como cualquier otro día de verano en esta isla: calor, largas colas para comprar comida e incertidumbre que domina la vida diaria. Luego comenzaron a aparecer en las redes sociales los primeros videos en vivo de Facebook de las protestas del pequeño pueblo de San Antonio de los Baños, al suroeste de La Habana. En las pantallas de nuestros teléfonos, vimos a la multitud silbar «espontaneidad», «queremos ayuda» y «no tenemos miedo», así como insultos contra el presidente Miguel Díaz-Canel. Fueron escenas nuevas para nosotros y la emoción fue contagiosa.

Díaz-Canel y su séquito viajaron a San Antonio de los Baños para divertir el tablas de la aparición de Fidel Castro para calmar a las masas durante la protesta de 1994 en La Habana conocida como el «Maleconazo» – hasta ahora el único trastorno social generalizado que varias generaciones de los cubanos nones había manido. Pero el plan de entretenimiento de Díaz-Canel no funcionó.

Cuando la caravana presidencial llegó a San Antonio de los Baños, las protestas ya se habían extendido, incluso a Palma Soriano, en la provincia de Santiago de Cuba, al otro flanco de la isla. Grandes multitudes de vecinos inundaron las plazas de Cárdenas y Matanzas, y grupos de jóvenes se acercaron a la caudal habanera.

«Nos reunimos en un rincón de El Coto» -un intramuros de La Habana- «y empezamos a departir el mismo idioma», dijo Alejandro, un hombre de 32 abriles, entre las decenas de habaneros que acudieron a la sede de el parlamento cubano cantando esa palabra de tres sílabas tan resistente como pudo: Sencillez.

Muchos de los que pidieron la renuncia del señor Díaz-Canel y el fin de la dictadura nacieron posteriormente del Maleconazo de 1994 o eran niños en ese momento, sin ningún presente de ese rebelión. Pero no importa porque, a diferencia de esa avalancha, el objetivo de estas protestas no es escapar de la crisis económica de la isla en una balsa, sino provocar un cambio en la isla.

De hecho, las restricciones introducidas por la pandemia han exhausto a una población ya agotada. Pero los jóvenes cubanos no solo protestan contra el toque de queda pandémico, el recortadura de vuelos comerciales que les permitió huir a otro país, o las tiendas que solo aceptan divisas aunque se les pague en pesos cubanos. Estas protestas están alimentadas por el deseo de espontaneidad, por la esperanza de conducirse en un país con oportunidades, por el miedo a convertirse en las sombras débiles y silenciosas en que se han convertido sus abuelos.

Estos jóvenes cubanos no quieren ser nietos de una revolución que ha envejecido tanto que los cubanos se ven obligados a arriesgar sus vidas cruzando el Estricto de Florida para tener la oportunidad de una vida digna.

Afirman que el mito oficial de que el pueblo cubano fue redimido por unos hombres barbudos que bajaron de la Sierra Maestra ya no les es relevante. Crecieron viendo crecer los vientres de los funcionarios comunistas mientras luchan por poner comida en la mesa. Ya no tienen miedo de arriesgar sus vidas en la calle, porque de todos modos están perdiendo la vida lentamente, esperando en largas filas para comprar comida, viajando en autobuses abarrotados y soportando cortes de energía prolongados.

Una imagen resume cómo la novelística oficial de la revolución de Fidel Castro quedó completamente destrozada: varios jóvenes izaron una bandera cubana ensangrentada en un transporte policial volcado en medio de la carretera. A diferencia de los patriarcas de la revolución, no lucían barbas y uniformes verde oliva, pero se han convertido en el nuevo símbolo de esta isla. Salieron a las calles porque creían que las calles les pertenecían.

En protestas pasadas, el régimen dependió de su fidedigno ejército de trabajadores estatales, miembros del Comité de Defensa de la Revolución y los fieles de Raúl Castro para frustrar las manifestaciones; de hecho, se alentó a los leales a contestar a los manifestantes con palos y piedras. . Pero en las primeras horas de esta ola de protestas, aparecieron pocos leales. En cambio, Díaz-Canel desató a sus fuerzas de seguridad uniformadas para sofocar las manifestaciones.

Como era de esperar, las fuerzas de seguridad detuvieron a cientos de personas. El gobierno ha militarizado las carreteras en todo el país y restringido Internet para que la familia en el interior y fuera de la isla crea que no hay nulo que ver. En otras palabras, hicieron lo que hacen las dictaduras.

Muchos cubanos habían llegado a creer que la dictadura sería eterna, que la isla estaría maldita para siempre, que nuestras únicas opciones eran huir o callar. Otros estaban convencidos de que los cubanos eran incapaces de sublevarse, que los valientes se habían ido y que sólo quedaba una masa apática y silenciosa. Pero el silencio se rompió. Y las voces que lo rompieron pertenecen sobre todo a los jóvenes cubanos que claman por cambios profundos en su país.

El futuro próximo está saciado de incertidumbres. Poco a poco se conocerá el número de muertos, detenciones y desapariciones forzadas. Para ayudar con esta tarea, es urgente que las organizaciones sociales establezcan líneas telefónicas de emergencia donde los familiares de las personas desaparecidas puedan ofrecer su información en un esfuerzo por circunscribir a sus seres queridos. Naciones Unidas y la Unión Europea han pedido al gobierno cubano que respete el derecho a protestar y que libere a todos los detenidos por manifestarse. Es poco probable que el régimen escuche sus llamamientos. Pero una cosa está clara: los cubanos hemos probado la espontaneidad y no hay reverso a espaldas. Ya no seremos silenciados.

Yoani Sánchez (@yoanisanchez) presenta el podcast Ventana 14 y es la editora del diario digital 14ymedio. Este artículo fue traducido del castellano por Erin Goodman, para el New York Times.

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Nota del editor: este artículo se publicó originalmente en Los New York Times .

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