‘Parece el 11 de julio de Jam’ bromea un comprador cubano – Translate Cuba

0


No eran más de cinco minutos a posteriori de las 5 de la mañana, antiguamente del amanecer, cuando cientos de personas ya hacían culo para ingresar a La Casa de las Preserves. (14ymedio)

14ymedium más grande14ymedio, Natalia López Moya, La Habana, 14 de septiembre de 2021 – Tan pronto como cerré la puerta principal, temprano en la mañana, salí a la calle para tomar asiento en la fila del flamante Casa de las reservas (House of Conserve), entonces noté la estampa inusual. Cuatro mujeres bloqueaban el paso, acurrucadas en el suelo. Se escondieron de las frecuentes patrullas de la policía que pasaba para controlar a quien violara el toque de queda, válido de 9:00 a 5:00 en La Habana.

«Son las cinco en punto, ¡vámonos!» Se dijeron el uno al otro; y volviéndose alrededor de mí, mientras los miraba con asombro, agregaron: «Gracias, muchacha, por no habernos traicionado «.

No pensé que fuera necesario valer como ellos, la tienda no abriría hasta las nueve, cuatro horas a posteriori, hasta que llegué a la cuadra donde comenzaba la fila. A los pocos minutos del final del toque de queda ya había 400 personas en Ayestarán y 19 de Mayo, en el municipio de Cerro.

Agachados, escondidos en la maleza, posados ​​en las ramas de los árboles cercanos, en las escaleras, en las puertas y en los accesos de las casas, miles de cubanos esperan todos los días a que termine el toque de queda para poder hacer culo en las tiendas que aceptar pagos en moneda extranjera o en Pesos cubanos.

El aberración, conocido por las autoridades y ridiculizado en las caricaturas de la prensa oficial, se extendió a todos los lugares cuando se difundió el rumor de que un producto de gran demanda está a punto de ser puesto a la traspaso en las estanterías de las tiendas. Las familias se aseguran de que una persona se quede despierta toda la tinieblas y las demás lleguen a posteriori de que el cronómetro dé las 5 de la mañana.

Desde lugares cercanos, viniendo de todas direcciones, han acudido numerosos grupos de personas con caras ansiosas y pasos apresurados, tratando de alcanzar una posición privilegiada en la culo para poder comprar en la tienda recién inaugurada que acepta suscripción en pesos cubanos, una anomalía en una ciudad y un país que cada día se rinde más a las divisas.

Estar en primera bisectriz no garantizaba ningún privilegio. Los agentes de policía no permitieron que las personas cuyas tarjetas de identificación mostraran residencias remotas se unieran a la fila. Quienes no vivían en una zona de cinco cuadras no podrían acontecer llegado a la bisectriz a esa hora de la mañana sin violar el toque de queda, dijeron, con un argumento que ellos mismos no creían, conscientes de los subterfugios para eludir el toque de queda. restricciones impuestas por la pandemia.

Pero hubo excepciones. «Mire esto, es de La Habana Vieja, pero dice que es el nieto de cierto», le gritó un policía a un evidente agente de la Seguridad del Estado, vestido de civil, mientras sacaba a un hombre de la fila; el hombre dio el nombre de un conocido «funcionario del Profesión del Interior» y lo dejaron solo. A partir de ese momento y sin dar explicaciones, dejaron de comprobar las direcciones y se apresuraron a acoger los papeles del resto de los presentes.

«No es posible que haya 200 personas en fila frente a mí, porque yo vivo en ese corredor que ves ahí y bajé a las cinco», se quejó una pupila a un policía. «Vivo con mi hija pequeña y mi mamá con esquizofrenia», dijo para que la dejara producirse, pero fue en vano.

El agente respondió que entendía su situación pero que no podía hacer cero. «Ya tenemos 57 personas en la comisaría», justificó. Los detenidos, todos de amanecida, serán multados con 2.000 pesos y recibirán una «carta de advertencia». Cubo que los productos vendidos por la tienda no son «esenciales», dijo el oficial, no había una bisectriz separada para los «vulnerables», personas con discapacidades o pacientes postrados en cama de su tribu que obtienen una maleable que les permite acortar la aplazamiento en otros tiendas y mercados.

A pesar de las primeras horas de la mañana, el estruendo que se extendía por el superficie daba la impresión de que el cronómetro ya pasaba del mediodía. La gentío gritaba a los que se colaban entre familiares y conocidos que llegaban más tarde, en presencia de la indiferencia de los agentes, que recogían, en total, unos 300 documentos de identidad.

La calle Ayestarán, que hasta hace poco era una vía llena de vehículos y salpicada de comercios privados con proposición de pizzas y refrescos, ahora se ha convertido en una zona de largas colas, no solo para la recién inaugurada Casa de las Conservas, sino todavía por la cercano al complicado comercial Trimagen, administrado por militares y que suministra productos pagaderos con pesos cubanos.

Más de 300 personas seguían en la fila a posteriori de las primeras 300. Les cobrarían, anunciaron, otras 200 tarjetas, pero más tarde. En ese momento, una multitud se precipitó alrededor de los agentes para exigirles que terminaran de acoger los documentos restantes. “Vendimia unos y multa aquí mismo dos mil pesos y verás cómo se calman”, lo reprendió uno de los oficiales. La confusión se disolvió de inmediato.

«Altísimo mío, ¿qué es esto, de dónde viene tanta gentío?» dijo una sorprendida mujer de 60 abriles que había corrido dos cuadras para salir a tiempo y al punto que alcanzó el número 350. «Parece ser el 11 de julio de Jam», dijo en broma, refiriéndose a las recientes protestas en todo el país el 11 de julio.

«Estoy aquí para comprar una envase de mayonesa, porque hoy mi hija cumple abriles y nos pidió que le hiciéramos una ensalada fría», dijo a este diario un chavea que llegó a las cinco de la mañana. «Nos las arreglamos para conseguir una cita, pero creo que estaremos de compras a posteriori de la 1:00 pm, así que tendremos parte de la fiesta en fila».

Una señora caldo por mermelada de guayaba. «Mi mamá está postrada en cama y no puede engullir cero que tenga que masticar, así que todos los días tengo que buscarle yogur, compota o una colchoneta para hacer jugos», explicó. La mujer fue una de las que no consiguió un número. «Mi dirección es un poco remota y no podía aducir lo que estaba haciendo allí cuando llegué».

Los lugareños están acostumbrados a las multitudes y los gritos. No en vano, a pocos metros se encuentra una tienda Trimagen famosa por ser el epicentro de interminables filas, accidentes de tráfico y peleas. Sin retención, al producirse frente a la Casa de las Coto, quedaron asombrados: no había comparación con la enajenación que se vio aquí este martes.

____________

COLABORA CON NUESTRO TRABAJO: los 14ymedio puesta por un periodismo serio que refleje la verdad cubana en toda su profundidad. Gracias por acompañarnos en este dispendioso alucinación. Te invitamos a que sigas apoyándonos desde conviértete en miembro de 14ymedio Ahora. Juntos podemos seguir transformando el periodismo en Cuba.



Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.