Intrigas políticas en la Cuba de hoy – Traduciendo a Cuba

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Los ciudadanos ni siquiera saben quién está a atención o en contra de un artículo de una ley, quién tiene la mente abierta o quién forma parte de los mecanismos para frenar las reformas. Todos deberían estar de acuerdo antaño de principiar a discutir. (Abuela)

14ymedium más grande14ymedio, Reinaldo Escobar, La Habana, 9 de septiembre de 2021 – Las intrigas políticas han sido fructíferas en Cuba, especialmente desde 1959. La deposición del presidente Urrutia, la microfracción, el entendimiento de Marquitos, la ejecución del caudillo Ochoa y, más recientemente, la destitución del Los delfines Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y Carlos Valenciaga son hechos parcialmente conocidos que muestran oscuras maquinaciones ajenas a los principios políticos proclamados.

Tras la homicidio de Fidel Castro, en noviembre de 2016, no se detuvieron.

Las intrigas palaciegas de hoy tienen protagonistas y propósitos. Los nombres se conocen porque aparecen en la directorio del Buró Político, el Consejo de Estado y de Ministros o porque llevan ciertos apellidos, pero no se puede confirmar con certeza la propensión de cada uno cerca de los dos únicos fines posibles: sustentar el sistema o liquidarlo.

Todos comparten, quizás, un objetivo paralelo, no vinculado a ideales sino a ambiciones personales. Comprender, disfrutar de los obscenos atributos del poder, esas mieles que hay que regodearse con discreción pero que son la motivación más eficaz para pactar oportunistamente o para conspirar en las sombras, según sea el caso.

Hoy no hay conspiración en las altas esferas, como en 1959, para evitar o promover la ideología comunista, ni para acercarse, como en la división de 1960, a la Unión Soviética o China. Nadie está conspirando para principiar más perestroika tropical. Ni siquiera en la corporación específico los puristas del marxismo parecen confrontar a sus reformadores. Nadie ha consultado nunca los libros de P. Nikitin sobre la posesiones política del socialismo ni ha citado los manuales del comunismo investigador, que afirmaban que la humanidad estaba experimentando el período de transición del capitalismo al socialismo.

El dilema más crítico no parece ser si destruir o no el sistema (si se le puede seducir así) sino cómo hacerlo y cuándo.

El debate aún no ha surgido ni está registrado en el certificado. Los destellos aparecen solo cuando se da prioridad a la promulgación de un decreto o cuando la presentación de leyes al Parlamento se retrasa sin explicación. Ciertas chispas se pueden ver en los avances y fracasos de aceptar las reglas del mercado o en las absurdas prohibiciones y la tímida permisividad.

En los pasillos del Palacio, en los pasillos del Capitolio, en las oficinas ministeriales, se debe cocinar el cambio. Una sonrisa enigmática, las cejas levantadas, un saludo, bastarán para crear complicidad. Pero la opacidad de opiniones profundas genera dudas y sospechas.

Se discute mucho sobre el papel que puede desempeñar esta ilusión indicación «liderazgo marcial». Aquí hay que distinguir a los generales que se hicieron cargo de la posesiones a través del colección empresarial denominado Gaesa, de los comandantes que tienen la capacidad operativa para movilizar tropas. Paralelamente, la poderosa policía política tiene la labor de descubrir cualquier inconstancia que pudiera considerarse una presunta traición.

La marcha de un debate político transparente y demócrata hace que cualquiera que intente forjar alianzas para impulsar el cambio sea un supuesto traidor. El Presidente de la República no comete un delito, ni siquiera un error, si ordena a la Seguridad del Estado incautar documentos en las oficinas de los partidos de examen. No se involucra en Watergate porque a los partidos de examen no se les permite existir y lo que se considera ilegal es que emitan y guarden documentos.

Por eso la ciudadanía ni siquiera sabe quién está a atención o en contra de un artículo de la ley, quién tiene la mente abierta o quién forma parte de los mecanismos para frenar las reformas. Todos deberían estar de acuerdo antaño de comenzar a discutir, porque la dispositivo no solo se expresa en la batalla, sino todavía en el pensamiento.

La obsesión por mostrar una unión monolítica en torno a la continuidad pretende dar la impresión de que «allá en lo alto» todo está bajo control.

Esta puesta en estampa unitaria está dirigida a las instituciones y gobiernos que ejercen presiones desde el foráneo, los ciudadanos residentes en la isla, las fuerzas represivas que mantienen a guión las discrepancias y, en particular, ese pequeño colección de personajes de la indicación «vivientes histórica». . ‘. Aunque no aparecen en la paga del poder desde el VIII Congreso del Partido, mantienen «un pie en el estribo» dispuestos a defender sus proyectos a toda costa.

Tarde o temprano, las leyes de la biología dejarán fuera del recreo a los centinelas de ese donación inamovible y los actores de esta pieza, ya no disfrazados, querrán mostrarse al mundo y al pueblo como los únicos capaces de admitir a límite una saldo controlada, sin vacíos de poder, baños de casta o piñatas de corrupción; proveedores de perdón y merecedores de perdón.

Mientras tanto, los ciudadanos siguen desconociendo los asuntos de la política y se asombran de cómo en España desollan el partido político Podemos, en Pimiento el presidente se disculpa y promueve un cambio a la Constitución, en Perú limitan los poderes del presidente y en Estados Unidos Afirma que está destacado de fraude contra el partido que ganó las elecciones. «Aquí no pasa mínimo así», piensan algunos, como si fuera un coro de ángeles que gobierna el país y no una manada de lobos hambrientos dispuestos a destrozarse unos a otros.

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