El encanto de la dictadura / Miriam Celaya – Translate Cuba

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Conferencia en el Centro Internacional de Prensa de La Habana (Foto: CPI / Twitter)

Miriam Celaya, Cubanet, La Habana, 2 de junio de 2021 – Uno de los pilares más efectivos que ayudó a cimentar la divisa de la «buena dictadura cubana» fue el trabajo de no pocos corresponsales acreditados en la prensa extranjera en La Habana.

No es poco nuevo. Desde el cariño del reportero del New York Times Herbert Matthews por Fidel Castro en 1957, cuando entrevistó al líder faccioso en la Sierra Maestra, muchos periodistas han sucumbido a la mitología (y la mitomanía, debería agregarse) de la revolución castrista.

Tal vez deslumbrado por el color y la calidez del trópico, por la alegría alegre de los cubanos, por la belleza de las playas, por el refrescante sabor de los mojitos y por la comodidad de lo que, más que ser un corresponsal, resulta ser un perenne. En el estado de las asueto pagadas, lo cierto es que la mayoría de estos periodistas extranjeros están más interesados ​​en no trastornar el poder dictatorial cubano que en honrar el compromiso profesional de contar objetivamente la verdad de lo que ocurre en la isla.

No es de exiliar, por consiguiente, que diversos órganos de prensa, entre los más conocidos y prestigiosos a nivel internacional, se hagan eco de los supuestos avances tecnológicos y científicos que se están produciendo en Cuba gracias al parada nivel apurado por los especialistas cubanos a la sombra de la «Revolución». o que no se prodigen elogios por la seguridad social imaginaria y la calidad de la atención de la lozanía que disfrutan los habitantes de esta isla, y que incluso se rasguen las perifollos contra el bellaco para siempre: el gobierno de Estados Unidos, con su arsenal más mortífera, el «piedra», que nos impidió alcanzar mayores gloria en todas las categorías y vivir el circunscripción que le corresponde en el ambiente mundial.

El postrer episodio de este tipo de periodismo de verdad a medias, tanto más dañino porque selecciona un fragmento de la verdad pero solo muestra una cara, es una columna de Mauricio Vicent, publicada en el diario gachupin. país, de época 31 de mayoestoy, cuyo único título («Cuba y Estados Unidos regresan a tiempos de confrontación») constituye un inexplicable desliz de franja por parte de un escritor tan experimentado, donado que el enfrentamiento entre las autoridades cubanas y el gobierno de Estados Unidos no solo fue una constante, con breves y escasos intervalos de respiro en los últimos 62 primaveras, pero constituye la columna vertebral de la política exógeno de la dictadura castrista y sus herederos de hoy, comprometidos con la «continuidad».

En este sentido, es de renta importancia que el Palacio de la Revolución mantenga encendidas las brasas del enfrentamiento y del «enemigo imperialista», porque sin él no es posible concebir la supervivencia misma de la dictadura, como ciertamente quedó demostrado. durante el período de deshielo, desencadenado por la oficina Obama, cuando las autoridades cubanas se retiraron apresuradamente del peligroso finalidad de transigencia y distensión que ofrecía el poderoso vecino del finalidad.

Mauricio Vicent, corresponsal del diario gachupin El País en Cuba (Foto: El País)

La avalancha de medidas unilaterales de Obama, que flexibilizó el requisa con el objetivo de beneficiar al incipiente sector del plan y a la sociedad cubana en su conjunto, fue aprovechada por La Habana para ratificarse en el poder sin dar pasos reales alrededor de las libertades y derechos de los ciudadanos cubanos. . Ésta es una verdad que Vicent, que vive en Cuba desde hace más de 20 primaveras, debe retener de memoria. Sin requisa, su artículo no solo es parcial, sino que elige atacar abiertamente al nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y ponerse del banda del régimen cubano.

¿A qué acusa Vicent Biden? Primero, que pasó cinco meses al frente del gobierno de Estados Unidos y no levantó «ni uno solo de los 240 pasos de Trump para intensificar el requisa» como si el tema cubano fuera una prioridad para un presidente extranjero, en particular. la estadounidense, y como si la parte cubana no tuviera que hacer ningún movimiento interno para intentar mejorar la situación en nuestro país.

Pero la bolsa de pecados de Biden es más voluminosa que eso. La país El columnista parece estar irritado tanto por las «culpas» de Washington por la situación de los derechos humanos en Cuba, como por si la flagrante oficina estadounidense ha incluido a Cuba en la relación negra de gobiernos que patrocinan el terrorismo o que no están haciendo lo suficiente en la lucha contra este flagelo.

Para respaldar la posición de la parte cubana, Vicent cita las feroces reacciones de la Cancillería cubana, con un cantera de engorrosas frases y adjetivos con los que parece acríticamente de acuerdo, para concluir que “todos los días vuelve a la retórica feroz de la era Trump , y ya no se acento de la normalización de Obama … «

Para no tacañear en citas, Vicent asimismo se vale del purista estadounidense William Leogrande, quien recuerda el apoyo de Joe Biden a la política abierta de Obama alrededor de Cuba cuando Biden era su vicepresidente, encima de su promesa electoral de reanudar el diálogo entre los dos gobiernos. , cuyo estancamiento atribuye Leogrande a un debate no resuelto que se mantendría entre las fuerzas a beneficio de la política de acercamiento y quienes prefieren amparar la presión sobre la dictadura cubana.

Hasta aquí se podría asegurar que la posición de Vicent es válida: cada uno con sus propias simpatías políticas, solo que uno esperaría más objetividad de él como periodista. Porque, si admisiblemente su artículo da voz y espacio a las autoridades cubanas y estadounidenses -obviamente a beneficio de las primeras-, al mismo tiempo evita convenientemente incluir las declaraciones de artistas y activistas disidentes, que menciona en la columna.

Así, cuando acento del traslado forzoso de Luis Manuel Otero Alcántara al hospital, donde pasó «casi cuatro semanas como paciente eventual», Vicent no argumenta que en verdad se trató de un secuestro y que ese aislamiento incluyó el secuestro, impedido de tener cualquier contacto con sus amigos y colegas del Movimiento San Isidro, privados del teléfono y posiblemente sometidos a prácticas médicas o de otro tipo no autorizadas por el propio Otero. Vicent asimismo evita mencionar las detenciones ilegales, confinamientos domiciliarios y hostigamientos por parte de la policía a activistas y disidentes, o cualquier hecho violento relacionado con la huelga de escasez y posterior secuestro de Otero.

Pródigo en epítetos a la hora de condenar al gobierno de Estados Unidos, parece sufrir un repentino debilitación lingüístico al referirse a las flagrantes violaciones a los derechos humanos en Cuba, como si la existencia del muy utilizado «piedra estadounidense» -que sin duda afecta a todos- justificara la represión policial y la error de derechos cubanos.

Ni que asegurar tiene que ni siquiera este periodista hace una mención crítica -no conmemoración haberlo hecho nunca- del asedio interno de la dictadura contra los cubanos, de la discriminación implantada por el gobierno tanto contra los cubanos que tienen camino a divisas como que no, de las nuevas disposiciones que obligan a los viajeros cubanos a retribuir en dólares la permanencia en los centros de aislamiento y el transporte a los lugares de residencia al regresar de un alucinación al exógeno, entre las innumerables otras perversiones que ausencia tienen que ver con el ‘requisa .

Pero la viejo ofensa es que este corresponsal, como caja de resonancia del discurso oficial, nos atribuye a los cubanos un hándicap político, como si fuéramos un pavada, incapaces de protestar derechos por sí mismos. Quizás por esa mentalidad colonial que impregna a muchos chicos de la vieja metrópoli cómodamente asentados en Cuba, por ese resentimiento congénito alrededor de Estados Unidos o simplemente porque los jerarcas del régimen asimismo tienen en sus manos el poder de mantenerlos en Cuba o dejarlos. vaya., este corresponsal extranjero se suma a los demás en el supuesto de que todos los que nos oponemos al poder dictatorial estamos respondiendo a una memorándum que nos impuso Washington.

Los cubanos y los disidentes cotidianos, los que estamos sufriendo tanto las presiones del asedio como la represión y los giros y vueltas de la dictadura, ni siquiera figuramos como sujetos políticos en el imaginario de Vicent. Estrecha a una simple remisión incómoda, no reconoce en nosotros la capacidad ni el derecho. Su propuesta reduccionista, que concibe sólo al gobierno de Biden y a la dictadura cubana como debates en la opción de la crisis cubana, imita la misma posición que enfrentaron los cubanos al final de la combate de 1898, cuando fueron excluidos de los acuerdos entre los derrotó a España y estados. Inviceto United

Vicent concluye que el «asedio» y la política de Estados Unidos muestran que Cuba y los cubanos no están interesados ​​en Estados Unidos, y esto puede ser cierto. Aunque, a estas gloria, no llegó a asegurar que ni siquiera le importamos –en fin, un extranjero cuya permanencia entre nosotros depende de los beneficios del régimen– ni, lo que es peor, la élite que ostentaba el poder dictatorial. Cuba desde hace más de seis décadas.

Traducido por Norma Whiting



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