Brutalidad policial donde las víctimas terminan en la prisión

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Por Osmel Ramirez Alvarez

La policía intenta hacer culo para comprar comida en La Habana. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

HAVANA TIMES – Los cubanos se vuelven locos de gozo cuando llega la comunicado de que un policía ha sido destituido o procesado por un delito. Esto solo llega de boca en boca porque este tipo de parte rara vez se publican en los medios oficiales. Esto casi siempre se relaciona con un cargo de «injusticia de poder» o «corrupción».

Por otra parte, no se proxenetismo de que estos delitos sean raros o de que la familia quiera una fuerza policial estricta; de lo contrario. Más acertadamente es mucho más popular escuchar que un servidor conocido ha “explotado”. Asimismo, la familia prefiere policías “maleables” en lado de inflexibles, en un país saciado de prohibiciones y trámites burocráticos.

Es más acertadamente porque, como dice el refrán popular: «detrás de cada extremista hay un oportunista». Casi siempre es una coincidencia que los policías llevados a querella sean los más abusivos.

La policía es fundamental para abastecer el orden conocido, nadie puede discutir eso. Es corriente que haya algunas personas en una nación que cometan delitos, desde delitos de «cuello blanco» hasta ladrones de manada, y es necesario mantenerlos bajo control. Sin secuestro, lamentablemente, la policía cubana no es muy profesional.

Las razones de esto van desde los cursos cortos de calificación que toman y la abandono de una entidad de policía rigurosa. Por otra parte, la abandono de un Unidad de Asuntos Internos, a la naturaleza de la política franquista. Esto incluye complicidad y subordinación de las autoridades del orden conocido a la Policía Política (Seguridad del Estado), en los casos que involucran mayoritariamente a disidentes.

Se podrían asegurar muchas más cosas negativas, sobre denuncias populares y videos virales en redes sociales con horribles escenas de injusticia policial y una clara yerro de ética y profesionalismo en los oficiales. Sin secuestro, lo peor que en realidad se destaca en este momento es la ya infame praxis de reflejar a las personas de desprecio o atacar a la autoridad.

En la mayoría de los casos en que los ciudadanos son acusados ​​de estos delitos, son los propios ciudadanos los que han sido abusados, acosados ​​y golpeados por la policía. En lado de ser llevados a querella e interrogados, los mismos agentes uniformados actúan como testigos y convierten a las víctimas en agresores. Estos terminan cumpliendo sentencias muy duras.

Con la seguridad pública en cualquier país corriente, sería una vergüenza para un oficial de policía reflejar repetidamente a los ciudadanos de “despreciar o atacar a la autoridad”. Casi sería una prueba de que no inspiran respeto. Entonces, la policía aconseja e intenta persuadir a su objetivo ayer de apelar a este comodín, que es la forma en que debe ser.

Sin secuestro, es un arsenal en su itinerario de trabajo aquí en Cuba, una aparejo para la brutalidad y la coerción. Si tan solo tuviéramos entrada a las estadísticas. Estoy seguro de que Cuba es el número uno en el mundo por encerrar a la familia por desprecio y / o atacar a la autoridad. El hecho de que estos casos prosperen en la Policía, Fiscalías y Tribunales es una prueba de que no se proxenetismo de una praxis aislada, sino de una política institucional que incluye a diferentes ministerios.

Es por eso que a la Seguridad del Estado todavía le resulta manejable transigir a miembros de la examen, periodistas independientes, artistas antisistema, disidentes en definitiva, a querella por este supuesto delito. Así es como los separan de la vida pública; es cómo los controlan y castigan.

Si eres disidente, solo tienes que resistir una citación, un arresto o un registro domiciliario injustificado y eres un delincuente, con una sentencia similar a un robo. Es manejable ver que la mayoría de las víctimas de la brutalidad policial son los negros, los trabajadores independientes y los disidentes, precisamente los sectores sociales más estigmatizados por el Gobierno en la sociedad presente aquí en Cuba.

Es poco que necesita cambiar, pero no tengo ninguna duda de que esto solo sucederá con la nueva Cuba democrática que necesitamos construir.

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